Fidel frente al imperio: plan contra plan

El pensamiento y la práctica política de Fidel frente al imperialismo estadounidense constituyen un referente inevitable no solo para el pueblo cubano, sino para todos los pueblos latinoamericanos que resisten hoy la ofensiva neo-colonizadora del norte revuelto y brutal que nos desprecia

 

 

 

Sobre la mirada profunda que caracterizaba al líder de la Revolución Cubana, en sus análisis sobre Estados Unidos, expresaría el premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez: «El país del cual sabe más, después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo». Esta es una de las razones que responde a la frecuente pregunta que se hacen millones de personas de cómo fue posible que Fidel lograra sortear y vencer la política agresiva de más de diez administraciones estadounidenses.

 

I

Sobre la base de una comprensión y asunción hondísima de las enseñanzas de la historia de Cuba y Universal, así como del pensamiento de José Martí, una de las grandes obsesiones de Fidel, desde que inició su lucha revolucionaria en las montañas de la Sierra Maestra, consistió en evitar por todos los medios posibles un escenario que facilitara o estimulara una intervención de Estados Unidos en Cuba, que frustrara la victoria a los rebeldes frente a la tiranía batistiana, e impedir así se repitiera la historia de 1898, cuando la victoria de los mambises cubanos fuera escamoteada por la intervención yanqui.

 

En los meses finales de 1958, ese peligro se hizo mayor al producirse varios incidentes, evidentemente fabricados por el dictador Fulgencio Batista y el embajador yanqui, con la intención de generar una situación que facilitara la intervención de los marines en Cuba. Varias fueron las provocaciones desarrolladas en ese sentido, pero el Comandante jamás cayó en la trampa, con gran habilidad táctica logró sortear esos escollos y peligros.

 

Después del triunfo revolucionario de 1959, se haría aun más notoria la maestría del líder de la Revolución Cubana para evitar cualquier circunstancia que pudiera servir como excusa a Estados Unidos para intervenir militarmente en la Isla, en especial en los momentos en que se produjeron crisis significativas en las relaciones bilaterales.

 

II

La desventaja de Cuba frente al poderío de Estados Unidos no llevó jamás a Fidel a una posición de atrincheramiento tal que evitara cualquier contacto con la sociedad estadounidense, todo lo contrario, además de incentivar el intercambio pueblo a pueblo, él mismo dedicó mucho tiempo a esa interacción, con el ánimo de potenciar la capacidad de influir en la sociedad estadounidense para mostrar la realidad sobre Cuba, destruyendo todo tipo de estereotipos, así como falacias construidas y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación hegemónicos. Este fue uno de los mayores éxitos de Fidel desde que se encontraba en las montañas de la  Sierra Maestra, donde recibió a numerosos periodistas estadounidenses y a través de ellos, además de asestar fuertes golpes mediáticos a la dictadura, logró trasladar importantes mensajes a Estados Unidos.

 

Mensajes conciliadores hacia el pueblo y Gobierno de Estados Unidos trasladaría luego el Comandante cuando viajó a ese país en abril de 1959. Asimismo se encargó de desmentir todo tipo de calumnias que sobre la Revolución se venían reproduciendo en los medios de comunicación occidentales y en declaraciones de representantes de la administración Eisenhower.

 

Después de producirse la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961, el líder de la Revolución no perdió oportunidad alguna en construir los puentes necesarios con la sociedad estadounidense y la clase política de ese país, que pudieran fomentar las tendencias favorables al cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

 

Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender personalidades de la política, los medios y la cultura de Estados Unidos. La gran mayoría de esos visitantes regresaban a su país con una visión distinta sobre Cuba y del propio líder de la Revolución y, en muchos casos, se convertían en abanderados en la lucha contra el bloqueo y por la normalización de las relaciones entre ambas naciones.

 

III

El líder de la Revolución se destacó además por su capacidad de adelantarse siempre a las movidas del contrario, eso le permitió derrotar las más diversas variantes de política contra Cuba provenientes del Norte. Resulta impresionante la manera en que, muchos años antes de los históricos anuncios del 17 de diciembre de 2014, Fidel ya había vaticinado en varias de sus intervenciones públicas y en entrevistas que el Gobierno de Estados Unidos podía adoptar una política de seducción para lograr los mismos propósitos que no había alcanzado la política de fuerza, con relación a Cuba.  Ejemplo de ello, y no el único, fue su discurso del 5 de diciembre de 1988, en la Plaza de la Revolución, cuando proclamó: «Aun cuando un día formalmente mejoraran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, no por ello cejaría ese imperio en su idea de aplastar a la Revolución Cubana, y no lo oculta, lo explican sus teóricos, lo explican los defensores de la filosofía del imperio. (…) De modo que algo debe ser esencia del pensamiento revolucionario cubano, algo debe estar totalmente claro en la conciencia de nuestro pueblo, que ha tenido el privilegio de ser el primero en estos caminos, y es la conciencia de que nunca podremos, mientras exista el imperio, bajar la guardia, descuidar la defensa».

 

Cuando faltaba muy poco para la nueva arrancada independentista, en enero de 1894, Martí definió la postura «cauta y viril» como línea rectora de la política cubana frente a Estados Unidos. Ante la disparidad de poder había que imponer el respeto del adversario por la capacidad de crear, erguirse, resistir y vencer.

 

Esta posición viril que recomendaba Martí fue la que caracterizó al Comandante ante cada amenaza e intento por cercenar la soberanía de Cuba por las distintas administraciones estadounidense. Así fue durante la invasión mercenaria de Playa Girón, también durante la Crisis de Octubre, donde solo con su posición valiente e intransigente –apoyada mayoritariamente por el pueblo cubano- al negarse a cualquier tipo de inspección del territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos e impedir en todo momento que se le presionara, se pudo salvar el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura en la que la urss había tomado decisiones sin contar con la parte cubana, que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la más desfavorecida con la solución que se le dio a la crisis.

 

IV

Asumiendo y enriqueciendo las ideas de Simón Bolívar, Martí y Fidel concedieron como parte de su estrategia revolucionaria un lugar privilegiado a la necesaria unidad de América Latina y el Caribe.

 

En su concepción revolucionaria, Fidel siempre vio el proceso cubano como parte de una Revolución mayor, la que debía acontecer en toda América Latina y el Caribe. De ahí su constante solidaridad y apoyo a los movimientos de liberación en la región y denuncia de cada acto de injerencia yanqui. Esa posición partió en primera instancia de un sentimiento de identidad y del ineludible deber histórico, pero también como una necesidad estratégica para la preservación y consolidación de la Revolución Cubana. Sobre todo, teniendo en cuenta que desde el siglo xix en adelante, el principal enemigo común de la verdadera emancipación de los pueblos al sur del río Bravo era –y continuaba siéndolo- Estados Unidos, que en no pocas ocasiones utilizó con éxito para sus propósitos la máxima de «divide y vencerás», estrategia que han mantenido hasta nuestros días. A esa compresión había llegado el líder cubano desde antes de 1959 y la puso de manifiesto en numerosas ocasiones. No obstante, luego del triunfo de enero de 1959, la vocación integracionista de Fidel se hizo más explícita en numerosos pronunciamientos públicos. Sus ideas y amplia acumulación de experiencias durante años, así como los continuos cambios en el contexto internacional, lo hicieron ir perfilando su pensamiento.

 

Los esfuerzos colosales realizados por  Fidel en pos de la unidad y la integración de la región comenzaron a rendir sus frutos con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998, momento en que inició un verdadero cambio de época en América Latina. En 2004 Chávez y Fidel crearían la hoy conocida como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -Tratado de Comercio de los Pueblos  (ALBA-TCP) y al año siguiente, en Mar del Plata, el imperialismo estadounidense sufría ya una gran derrota,  al ser enterrado el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), iniciativa que venía impulsando el Gobierno de Estados Unidos. En 2011 nacería en Caracas la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y con ello el sueño más preciado de Fidel y de Martí, Bolívar y otros próceres de nuestra América. Esa unidad es hoy más imprescindible que nunca cuando los halcones de la Casa Blanca se aprestan cada vez más a dividirnos y devorarnos.

 

El pensamiento y la práctica política de Fidel frente al imperialismo estadounidense constituyen un referente inevitable no solo para el pueblo cubano, sino para todos los pueblos latinoamericanos que resisten hoy la ofensiva neo-colonizadora del norte revuelto y brutal que nos desprecia.

 

 

Tomado de Granma

 

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