La televisión pública debe ser una alternativa liberadora

Con cinco señales que abarcan todo el territorio nacional, 16 canales provinciales y 15 municipales, el Sistema de la Televisión Cubana se erige como una plataforma educativa y cultural que pretende ser reflejo de la sociedad cubana y recrear los imaginarios que definen al pueblo cubano.

Según Waldo Ramírez, director general de la Televisión Cubana, este medio de comunicación nació en Cuba en 1950 con un sesgo marcadamente comercial, pero evolucionó hasta convertirse en una propuesta con propósitos distintos  que se reinventa en cada acto creativo.

“Nuestra televisión tiene que demostrar su servicio público y parecerse a los diversos públicos del país. Pero en plena era de la globalización se trastoca por completo la manera en que los públicos se acercan a cualquier mensaje de comunicación.

“Lo importante es gestionar el contenido desde su inicio, pero congeniar el interés del tipo de televisión que necesita un país como Cuba con el interés de cada ciudadano es altamente complejo. A veces digo que esto lo resolvemos muy fácilmente si hacemos 11 millones de canales.

“En este sentido, hay que acomodar la agenda pública a la agenda país, y negociar con los realizadores, periodistas. No obstante, lograr eso no es fácil”, señala el directivo.

La Televisión Cubana transmite alrededor de 70 mil horas al año a través de diez señales que aspiran a ser de cobertura nacional, e intenta convertirse verdaderamente en un multimedio de la era digital.

“La televisión cubana ha tenido que transformarse con el tiempo y aún tiene grandes retos, aunque en ocasiones se opina que satisfacer los intereses de los públicos constituye ofrecerles estrictamente lo que quieren o lo que las instituciones consideren apropiado.

“Esa negociación es un reto. La necesidad de la comunicación pública de todas las instituciones del Estado es necesaria, pero tiene un rol. Hay que hacer que esa agenda sea única, sea parte de la agenda del medio, y tribute a ese modelo de país que queremos”, resalta Ramírez.

Para el directivo, la televisión tradicional ya no existe y Cuba necesita entender esa realidad. La era global se impone y es poco común que se trabaje para una pantalla de televisión, sino para múltiples pantallas.

“Internet ha trastocado todas las fronteras, no solamente de la comunicación, sino la manera en que la gente accede a esos productos. Es imposible seguir generando contenidos únicamente para la pantalla tradicional: hay que crear contenidos para toda la tecnología.

“La tendencia de consumo audiovisual en el mundo está en los medios alternativos y, básicamente, en los móviles. Pero producir para otras tecnologías tiene otra norma, otro lenguaje, otros costos de producción. Ese es un gran desafío, pero hay que hacerlo obligatoriamente porque de lo contrario nos quedaremos alejados, aislados por completo”, señala Ramírez.

Aun así, el directivo entiende que adentrarse en el mundo de la digitalización entraña altísimos riesgos, como lograr productos nacionales, la diversificación de canales, y la apertura de accesos que estimulen una mayor penetración a Internet.

Según los datos del Ministerio de Comercio Interior existen aproximadamente 1,7 millones de televisores híbridos y cajitas vendidos a la población, lo que representa casi 6 millones de personas con acceso a la televisión digital. Y en Cuba hay 3 millones de casas aproximadamente.

No obstante, el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba impide que el país acceda a mercados para la adquisición de tecnología moderna, lo que impone el reto de encontrar un tipo de autonomía de producción tecnológica para sostener procesos de producción de contenidos.

Más allá de logros y retos, Ramírez señala que la defensa de los medios de comunicación de servicio público tiene que seguir siendo una máxima en la era de las transnacionales del ocio.

“Estos medios, orientados por el interés general de la sociedad, son los encargados de promover y transmitir valores, arraigar el principio de ciudadanía y generar una conciencia crítica. Deben ser la reivindicación de expresiones variadas y representativas de la amplia diversidad de nuestros pueblos y naciones.

 

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