No existe fuerza capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

Fidel

Fidel,

el nombre de Cuba lleva

por siempre en el pecho fiel.

Fidel,

fue quien levantó la gleba

hasta el mirto y el laurel.

Fidel,

el que alzó una patria nueva

sin odio, crimen ni hiel.

Fidel.

Autor: Guillén, Nicolás

 

Hace dos años desde aquel  25 de noviembre  cuando los cubanos amanecimos con la triste e inesperada noticia del deceso  de nuestro  Comandante en Jefe, nuestro Fidel y guía eterno. Aún cuando lo creímos inmortal, el silencio, el dolor y las lágrimas se multiplicaron sobre este pueblo. Cada uno, a su manera y unidos en la de todos, encontró como rendirle tributo y expresar la voluntad de perpetuar su pensamiento y acción revolucionarios.

Desde el llanto, la esperanza y la confianza  el pueblo clamó: ¡Viva Fidel! ¡Yo soy Fidel! ¡Hasta Siempre Comandante!  Entonces, las voces de los cubanos se multiplicaron por el mundo, y se unieron los amigos y el gesto agradecido de tantos pueblos, quienes nos acompañaron en el dolor  y reciprocaron la solidaridad tantas veces recibida, unido  al mensaje de que Fidel Castro representa un ejemplo de dignidad para los pueblos de América Latina y del mundo que luchan por su soberanía.

El Memorial José Martí fue testigo de un mar de pueblo. A su vez, en cada localidad, se le rendía tributo y se firmó el solemne juramento de cumplir el Concepto de Revolución, proclamado por nuestro líder histórico el primero de mayo de 2000, como expresión de su voluntad de dar continuidad a sus ideas y a nuestro socialismo.

Sucedieron así nueve días de luto, de respeto hacia el líder indiscutible que simboliza nuestro pasado, presente y futuro. Resonaron salvas desde al alba hasta al atardecer,  máximos honores que solo reciben  personalidades excepcionales por su jerarquía, protagonistas de grandes hazañas y méritos ante la Patria, características reflejadas en Fidel a lo largo de su vida.

El cortejo fúnebre reeditó la Caravana de la Libertad y recorrió más de 1000 kilómetros en cuatro días desde La Habana hasta Santiago de Cuba.

Y allí, como informara el General de Ejército Raúl Castro, las cenizas de Fidel fueron depositadas el 4 de diciembre en el cementerio de Santa Ifigenia, muy cerca del mausoleo del Héroe Nacional José Martí, de sus compañeros de lucha en el Moncada, el Granma, el Ejército Rebelde, la clandestinidad y las misiones internacionalistas.

Pero Fidel no ha muerto, es nuestro presente y nuestro futuro.  Está en cada niño, obrero, campesino, educador, médico, en cada cubano que diariamente demuestra la voluntad de defender esta Revolución socialista  al precio de cualquier sacrificio.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *