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Día del Educador

TAN LOCUTOR COMO ALFABETIZADOR

Cuando llegué a Radio Reloj en 1990 conocí a un grupo de profesionales, que eran ases en sus quehaceres. De los locutores recuerdo a Fernández Vila, Carlos Torres, Laureano Céspedes, María Mellado, y otros reconocidos por su calidad. Entre esos hablantes estaba Luis Alarcón Santana, que debía sentarse alejado del micrófono por su singular chorro […]

Cuando llegué a Radio Reloj en 1990 conocí a un grupo de profesionales, que eran ases en sus quehaceres. De los locutores recuerdo a Fernández Vila, Carlos Torres, Laureano Céspedes, María Mellado, y otros reconocidos por su calidad.

Entre esos hablantes estaba Luis Alarcón Santana, que debía sentarse alejado del micrófono por su singular chorro de voz, que aún mantiene. En mi primera guardia dominical, que realicé con la camagüeyana Raiza Mestril, cambié una b por t en el título de una nota que decía algo así:  Tiembla la tierra en…

Alarcón comenzó a reír para adentro y llamar a Raiza haciendo gestos, con el fin de que arreglara el error, que detectó a primera vista. Si esa metida de pie hubiera caído en manos de un locutor con menos profesionalidad, habría pasado a los errores célebres transmitidos por la emisora. Fue una lección para mí: revisaba los minutos buscando más los gazapos de esa índole, que otros asuntos.

Hace un tiempo leí esta opinión de Alarcón “Todos los espacios informativos, por ejemplo, que se hacen en la radio y la televisión cubanas son en vivo, y para hacerlos hay que estar muy bien preparados. Es necesario ser acuciosos, estudiosos, tener recursos a los que apelar por cualquier problema que se pueda presentar, ya sean cuestiones educativas, saber de qué estamos hablando con total profundidad, pues como el trabajo es en equipo el guionista o el escritor, pueden equivocarse, y es entonces el locutor quien tiene que tener la sapiencia de darse cuenta donde está el error para ayudar a rectificar. Los buenos locutores se dan cuenta del fallo, porque, aunque no lo haya cometido él, para el público ya es parte de la falta por llevarla al aire.

Pero no es de la locución de lo que trata este texto, sino de las dotes de Alarcón en la transmisión de conocimientos.

Antes digamos que ha merecido un importante número de lauros, entre los que se encuentran: la réplica del machete de Máximo Gómez; la Orden Félix Elmuza de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC); la Distinción Majadahonda de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y Sello de Laureado del Sindicato de la Cultura.

Manzanillero por nacimiento, “estudió en un tecnológico, con aspiraciones de llegar a la Universidad y estudiar Ingeniería Mecánica, pues es importante resaltar que, en ese tiempo, como acababa de triunfar la Revolución, se precisaba en gran medida de ingenieros, técnicos, médicos, maestros. Cuando concluyó los estudios en el tecnológico, impartió clases de Gramática y en ocasiones también fue profesor de Física para la Educación Obrero- Campesina, en cursos nocturnos. Aunque no tenía ninguna formación como maestro, se sentía capaz de enseñar a los demás lo que sabía”.

Fue en la Isla de la Juventud que probaron su voz ante un micrófono y por accidente, luego de ese hecho fortuito continuó “su trabajo como profesor, se enteró que en su pueblo natal Manzanillo, Granma, hacía falta un locutor en la emisora y alguien lo recomendó. Lo citaron para las cinco de la mañana que era la hora que abría la planta, casualmente el locutor de turno falló y le pidieron que asumiera la responsabilidad. Ahí comenzaron los primeros “nervios”, de tantos otros que les sucedieron”

Alarcón comenzó su trabajo como maestro siendo un adolescente, en la campaña de alfabetización que este diciembre cumple sus sesenta años. Vía WhatsApp, y gracias a su compañera Teresita Rúa, lo pude entrevistar sobre aquella hazaña cultural.

¿Alfabetizaste? ¿Dónde?

En el cartón El Mango de la Zona de Vegas de Gibacoa en la Sierra Maestra.

 

¿Qué edad tenías? ¿Y nivel escolar?

12 años y 7mo Grado

¿Cuántas personas alfabetizaste?

 Aunque ocasionalmente di clases a algunos más finalizaron tres.

 

¿Qué sentiste cuando uno de tus alumnos aprendió a leer o escribir una palabra?

 Siempre la satisfacción y alegría compartida en cada caso, y multiplicada la emoción con mis padres cuando Rita la Sra.  de la  casa le  escribió  una  carta  a  mi mamá.

 

¿Mantuviste relaciones con tus alfabetizados?

Aquella es una zona de historia y por mi trabajo visitaba esos lugares en importantes conmemoraciones; ahí te envío fotos del 25 de mayo de 1980 y 82 aniversarios de la reunión de Fidel con los campesinos de la Sierra para enfrentar   la ofensiva del ejército de la dictadura

Y en tu larga carrera de locutor ¿Cuándo empezaste a enseñar?

El primer curso de Locución certificado por el Departamento de Locución del ICR fue en Radio Bayamo en 1982, pero antes había impartido clases E.O.C en otros lugares.

 

¿Formas parte de algún centro dedicado a la superación profesional?

Soy uno de los profesores dela Cátedra de Locución del Centro de Estudios de la Radio y la Televisión.

 

¿Algún o algunos locutores te reconocen como su maestro?

-Generosamente varios lo hacen.

 

¿Qué significa para ti enseñar?

 

-Me repito cuando afirmo   que para nosotros es una suerte tener   a Martí   quien nos dice: «Aprender a enseñar que es lo más bello y honroso del mundo y cría alma de padre amorosa y augusta» «La enseñanza ¿quién   no lo sabe?  es ante todo una obra de infinito amor».

 

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