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La revolución se salva (…) Se conoce y obra (…) El sentimiento ineficaz es hoy trabajo ordenado y asiduo, que han de mal mirar naturalmente todos los que quieren escapar a sus obligaciones.
La aspiración de ayer es ya sacrificio hoy, que ven con ira, fácil de entender, los que no se quieren sacrificar.-Por sobre eso hay que pasar, y se pasa.-
Del árabe se han de tomar dos cosas a lo menos: su oración de todos los días, en que pide a Allah que le haga ir por el camino recto,-y el proverbio aquel que dice que no llegará al final de su jornada el que vuelva la cabeza a los perros que le salgan al camino.

La ciencia, en las cosas de los pueblos, no es el ahitar el cañón de la pluma de digestos extraños, y remedios de otras sociedades y países, sino estudiar, a pecho de hombre, los elementos, ásperos o lisos, del país, y acomodar al fin humano del bienestar en el decoro los elementos peculiares de la patria, por métodos que convengan a su estado (…)
Lo demás es yerba seca y pedantería. De esta ciencia, estricta e implacable-y menos socorrida por más difícil-de esta ciencia pobre y dolorosa, menos brillante y asequible que la copiadiza e imitada, surge en Cuba, por la hostilidad incurable y creciente de sus elementos, y la opresión del elemento propio y apto por el elemento extraño e inepto, la revolución.

Así lo saben todos, y lo confiesan. En lo que cabe duda es en la posibilidad de la revolución. Eso es lo de hombres: hacerla posible. Eso es el deber patrio de hoy, y el verdadero y único deber científico en la sociedad cubana.
Si se intenta honradamente, y no se puede, bien está, aunque ruede por tierra el corazón desengañado: pero rodaría contento, porque así tendría esa raíz más la revolución inevitable de mañana.
Las sociedades mueren o viven conforme a su composición y a sus antecedentes: si se salen de ellas, si viven siglos enteros fuera de su armonía natural, y de la obra ineludible, por penosa que sea, de su propio desarrollo, al cabo de siglos reaparecen, cuando se pudre el cuerpo ajeno que viciaron, y recomienzan la labor interrumpida.
Ni hombres ni pueblos pueden rehuir la obra de desarrollarse por sí,-de costearse el paso por el mundo. En este mundo, todos, pueblos y hombres, hemos de pagar el pasaje (…)
No yerra quien intenta componer un pueblo en la hora en que aún se lo puede; sino el que no lo intenta. Si no se lograse la composición, se lograría al menos el conocimiento de las causas por que no podía lograrse; y eso limpiaría el camino para lograrla mañana.

Servimos y amamos, los revolucionarios de ahora, y no queremos, a pujo caprichoso, afear con un triunfo pasajero y violento esta efímera vida, que no tiene más dicha que el poco bien y utilidad que caben dentro de ella (…)
Si nuestra patria lo ordenase, nos depondríamos. No lo ordena. Por todos sus hijos habla: por su miseria: por sus vicios: por su desconcierto: por sus esperanzas.
La revolución nos salvará. La revolución puede ser. La revolución crece.
(Tomado del portal del Centro de Estudios Martianos)
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