La Historia me Absolverá, guía del pueblo cubano a través del tiempo

Rosa María Moros Fernández

Las guerras por la independencia de Cuba articulan, de forma ejemplar, cada momento significativo, escaramuza, batalla, decisión estratégica, como un todo coherente que –desde Yara hasta el triunfo de 1959—hacen de más de 100 años de luchas una sola Revolución.

La clarinada que aquel 1ro de enero dio a los cubanos la victoria definitiva encaró, desde los inicios, el monumental desafío de no defraudar la confianza del pueblo que, en su inmensa mayoría, respaldó al Movimiento 26 de Julio y a sus barbudos combatientes de verde olivo.

Alrededor de un lustro antes, el joven abogado Fidel Castro al asumir su autodefensa tras el asalto a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, había denunciado los males que carcomían la economía y la sociedad, al delinear los objetivos que guiaron la acción de aquella juventud heroica que ofrendó la vida el 26 de Julio de 1953.

Aún cuando la dictadura pretendió opacar la magnitud del crimen, realizando el juicio a puertas cerradas, en la minúscula salita de enfermeras del hospital “Saturnino Lora”, la acusación valiente no sólo desbordaría las paredes de aquel recinto, sino que cobraría vida propia al erigirse plataforma programática de la lucha insurreccional.

En su alegato Fidel enumeró las realidades más apremiantes que afectaban al pueblo de Cuba: los problemas de la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo, la educación y la salud del pueblo. En ellos se concretaban los seis puntos a cuya solución se encaminaban los esfuerzos de la Juventud del Centenario, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política.

Cuidadosamente recopilado y difundido por el movimiento insurreccional, el alegato La Historia me Absolverá llega a nuestros días como testimonio de profundo pensamiento revolucionario, y como documento capaz de sintetizar el programa de lucha de los jóvenes agrupados en la Generación del Centenario.

A sus hermanos caídos, Fidel dedicó en su autodefensa sentido homenaje: “Para mis compañeros muertos no clamo venganza. Como sus vidas no tenían precio, no podrían pagarlas con las suyas todos los criminales juntos. No es con sangre como pueden pagarse las vidas de los jóvenes que mueren por el bien de un pueblo; la felicidad de ese pueblo es el único precio digno que pude pagarse por ellas”.

A pesar del tiempo transcurrido La Historia me Absolverá conserva absoluta vigencia, y al releer sus páginas se admira la visión hacia el futuro de Fidel, la estrategia a seguir para conquistar los anhelos libertarios de los cubanos, la posición antiimperialista, y el trazado irreversible del camino revolucionario.

Y es que, en tanto programa político y de acción, La Historia me Absolverá devino eficaz instrumento para la unidad del movimiento insurreccional, que haría valer su influencia en el curso posterior de la lucha hasta el éxito definitivo.

Cuánta razón asistía a Fidel cuando al concluir su autodefensa aseguró: “!Condenadme, no importa. La Historia me Absolverá!”

Ciertamente, la obra inmensa de la Revolución, en las últimas seis décadas y media, así lo confirma de manera rotunda.