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El 31 de mayo de cada año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial sin Tabaco, con el objetivo de recordar los riesgos que supone el consumo de tabaco para la salud y fomentar políticas de reducción de ese consumo. De acuerdo con la OMS, el tabaco mata a 8 millones de personas en el mundo cada año, de las cuales más de 7 millones son consumidores directos y alrededor de 1.2 millones son no fumadores expuestos al humo ajeno. El daño que provoca el tabaquismo lo sitúa como una amenaza para la salud en cualquier país. Nuestro equipo conversó con la Doctora Elba Lorenzo, Coordinadora Nacional del Programa de Prevención y Control del Tabaquismo en Cuba, para conocer cómo impacta esa adicción en la población del país.

Elba, el tabaquismo cobra un precio considerable en términos de enfermedad, daños psicológicos, impacto negativo en los ingresos individuales, de las familias y las economías nacionales, pero ¿Cuáles son los efectos socio-económicos de esa adicción en Cuba?

Como en otros países, en Cuba, el tabaquismo tiene serias implicaciones para la familia del fumador, generadas por el gasto económico de la compra de cigarros, lo que trae como consecuencia disponer de menor cantidad de dinero para suplir las necesidades básicas de la familia. Un fumador que consume una cajetilla diaria, utiliza más del 44% del salario promedio en moneda nacional, pero también están los costos referidos al sufrimiento y dolor por las afectaciones a la salud de seres queridos, el desvío de dinero de las necesidades básicas para suplir las del enfermo y el fallecimiento o discapacidad en el caso del consumidor.

La carga económica de esa adicción, impone a la sociedad gastos relacionados con la atención médica de las enfermedades que produce el tabaquismo, recursos para diagnósticos, medicamentos, hospitalizaciones, pago de pensiones y de períodos de incapacidad, pérdida de productividad, jubilaciones tempranas, discapacidad o muerte prematura de personas en la cúspide de su vida productiva. La suma de esos costos aumenta la repercusión económica del tabaquismo.

Ilustración: Yoan Manuel Figueredo Llanes

En Cuba, anualmente, ocurren 13 301 muertes atribuibles al consumo de tabaco. Mueren dos cubanos cada hora por consumo de tabaco y dos cubanos cada 12 horas por exposición al humo de tabaco ajeno, según estudios realizados por el Instituto Nacional de Higiene, Epidemiologia y Microbiología. Estos resultados no requieren explicación adicional y justifican con creces los esfuerzos dirigidos a hacer más efectiva la prevención y control del tabaquismo en nuestro país. Dicho instituto también realizó un estudio de costos de atención a la salud de fumadores y no fumadores desde una perspectiva social en La Habana y Santiago de Cuba, donde se demostró que -en el nivel primario de atención- los fumadores hicieron mayor uso de los servicios de salud que los no fumadores.

¿Qué otro tipo de estudios se realizan en Cuba para contribuir a la toma de decisiones sobre este tema por parte de la política nacional de salud pública?

En correspondencia con el Sistema Mundial de Vigilancia del Tabaco, en nuestro país se han realizado de manera sistemática encuestas nacionales a cargo del Instituto de Higiene, Epidemiologia y Microbiología, el Programa de Prevención y Control del Tabaquismo y el Departamento de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Entre las investigaciones para conocer el comportamiento del tabaquismo en Cuba se encuentran la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Trasmisibles y Actividades Preventivas, la Encuesta de Tabaquismo en Jóvenes, la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados y la encuesta de tabaquismo en profesionales de la salud.

Foto: Internet

¿Qué acciones se pueden emprender desde las instituciones y las comunidades para disminuir (o si es posible revertir) el tabaquismo en Cuba?

Es fundamental el desarrollo de acciones preventivas dirigidas al individuo, la familia, la comunidad y el medio ambiente, que permitan evitar el consumo de tabaco, disminuir situaciones de riesgo como la exposición al humo y limitar los daños que ocasiona fumar. También es esencial informar y educar a la población para que conozca las consecuencias de fumar, los beneficios de no hacerlo y de no exponerse al humo de tabaco. La intervención en edades tempranas de la vida desde la familia y la escuela, para el desarrollo de habilidades sociales como las relaciones interpersonales, el autocontrol, el manejo de problemas y la toma de decisiones, permitirá crear una actitud de rechazo al consumo de tabaco. Otra acción adecuada es promover patrones de vida sanos.

También el establecimiento de políticas públicas locales ayuda a la creación de entornos saludables y la prevención del tabaquismo. Algunas de estas medidas pueden ser la prohibición de fumar en parque infantiles para proteger a niños y niñas, no permitir la compra preferencial en la cola de cigarros o tabacos en los comercios y no admitir ceniceros en los lugares donde está prohibido fumar. Por supuesto, ninguna de estas acciones es verdaderamente efectiva si no tenemos presente el importante papel de cada persona en la protección de su salud y la capacidad que tiene el ser humano de lograrlo cuando se lo propone.

Por otra parte, la aplicación de medidas proactivas para reducir la aceptación social del consumo, como hacer cumplir la prohibición de fumar en lugares cerrados y la creación de ambientes libres de humo, facilita un cambio del entorno social que desestimula o disminuye este consumo.

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