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Por Elier Ramírez

El pasado 13 de agosto se cumpliero 63 años del vil asesinato de los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, por sicarios de la dictadura de Batista. Esos jóvenes de San Juan y Martínez, Pinar del Río, prácticamente adolescentes —Luis tenía 18 años y Sergio 17— cultivaron en su corta vida los más preciados valores revolucionarios, forjados en gran medida por sus padres, el juez Luis Saíz y la maestra de instrucción pública Esther Montes de Oca, quienes lograron sembrar en sus pequeños el amor y el conocimiento del pensamiento y la vida de José Martí, así como un alto compromiso con la justicia social.

Despertaron además en ellos el interés por el arte y la literatura, de ahí que ya en el momento de su caída, Luis y Sergio dejaban a la posteridad testimonio de su talento literario y artístico.

Pero sin duda, la mayor pasión de estos jóvenes fue la revolución. En noviembre de 1956, Luis se incorpora al Movimiento 26 de julio participando en numerosas actividades clandestinas. Por los méritos alcanzados llegaría a ser su coordinador municipal, mientras que su hermano Sergio, fungiría como jefe de acción y sabotaje.

Impresiona la madurez y profundidad que alcanzó el pensamiento político de estos hermanos, así como la vigencia de muchas de sus ideas. Revisando sus escritos, se devela inmediatamente cómo abrazaron las ideas marxistas desde una raíz profundamente martiana.

Los pequeños Sergio, a la izquierda, y Luis, a la derecha, junto a sus padres Esther Montes de Oca y Luis Saíz. Foto: Tomada de La Jiribilla

Aquel 13 de agosto de 1957, cuando se disponían a realizar una acción para homenajear el cumpleaños del líder Fidel Castro, Luis y Sergio fueron cobardemente baleados muy cerca del portal del otrora cine Martha, por el soldado Margarito Díaz, apoyado por el cabo Pablo A. Zayas. Antes de salir de la casa le habían dicho a su madre: “no temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros”. No pasaría mucho tiempo en que el orgullo de una madre se convertiría en el orgullo de todo un pueblo y, en especial, de una joven generación de intelectuales y artistas que, agrupados hoy en la Asociación Hermanos Saíz, rinden tributo a Luis y Sergio a través de su compromiso con la Revolución.

Mucho se puede profundizar acerca de la vida y el pensamiento de estos dos valerosos jóvenes en el libro Cuerpos que yacen dormidos. Obras de los Hermanos Saíz, una compilación realizada por Luis A. Figueroa Pagés, publicada por la Editorial Abril en 1997.

De ese libro hemos seleccionado, para darle la mayor divulgación posible, el texto Juventudes, de Luis Saíz Montes de Oca, pues además de que pensamos no es uno de sus escritos más conocidos, nos parece de una vigencia extraordinaria, sobre todo, porque demuestra cómo en todas las épocas de nuestra historia ha sido una vanguardia juvenil la que ha dirigido e impulsado las grandes transformaciones sociales.

Integrantes de @ahsjovenescuba
tras subir el Pico Turquino, punto más alto de Cuba, en homenaje a Luis y Sergio Saíz Montes de Oca / Foto:AHS

Juventudes

Por Luis Rodolfo Saíz Montes de Oca

“Qué significa ser joven; joven en los países que viven ahora su momento de mayor crisis, y donde los valores morales han sido muertos por generaciones caducas y corrompidas…?

La América nuestra, del Río Bravo a la Patagonia, es un continente en agonía, pero no en el sentido de fin o desaparición, sino en el puro de lucha entre el ser y el querer ser, combate de un futuro pujante frente al hoy negro y al ayer, más oscuro aún. Cuba, por parte misma, padece la agonía del todo. Agonía de generación nueva. Agonía de juventud dispuesta a la lucha para “ser”. Y como ya se ve, para llegar a “ser” vive empeñada una generación, que ha nacido con la misma misión histórica de salvar la nacionalidad, o más bien acabar de formarla y extirpar de su cuerpo la parte carcomida. Esta generación alguien la llamó con razón del “Centenario Martiano”, pues empezó a tener conciencia de su puesto al cumplir 100 años del nacimiento de José Martí, y cuando la noche más negra se había roto sobre Cuba, y los apóstatas manchaban el ideario rebelde del Apóstol.

Esta generación nuestra, formada en la lucha de calles, en la reunión conspirativa, con el libro bajo el brazo y el fusil en espera, está dispuesta a no fracasar. Lo demuestra el afán de muerte útil, de holocausto, donde el apetito se pierde y el ala gana a la garra.

Pensando en Rodó podemos decir que somos hijos genuinos de Ariel, genio alado de lo puro y de la idealidad.

Y porque pensamos, quizás alguien ya caduco y apolillado dirá que es fuego fatuo de joven en trascendencia de nuestra obra, y ya estamos con los brazos sudados de la lucha, consideramos que únicamente es ésta la generación que puede salvar a Cuba y llevarla hacia una situación tal en que los valores espirituales sean respetados, y decir ciudadanos libres sea decir hombre, pero que también cuaje en Cuba la revolución socialista que evite y elimine el desempleo, el hambre, acorte el índice de enfermos creando hospitales en abundancia y bien dotados, que entregue la tierra al campesino, que dé participación al obrero en las ganancias que él ayuda a crear con su trabajo y que con la diversificación agrícola ahoguemos el monocultivo cañero y de compra (azúcar y wall street). Y como dice  Ingenieros, somos nosotros “por no tener complicidad con pasados vergonzosos” los únicos encargados de llevar a cabo esa obra de redención y justicia social”.

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